Experiencia General
Antes de la primera clase no tenía conocimiento exacto de lo que iba a encontrar, nunca estuve asociada a lo que era psicomotricidad, ni tampoco era consciente de la profunda carga emocional que puede estar relacionada a ella ni tampoco de su función terapéutica al liberar y aminorar angustias y deseos no controlados de un niño a través de juegos, debo decir que fue lo que más me atrajo al estudio de esta área.
Hacer ese primer viaje dentro del vientre materno fue para mí muy real, verdaderamente me traslade hacia ese lugar que deje hace tanto tiempo, logre encontrar de nuevo esa seguridad, contención, paz, libertad y adueñarme de ese espacio que sabía que era mío . Fue el comienzo de un viaje hacia el entendimiento de la vida del ser humano desde ese momento en que está dentro del vientre materno y su experiencia hacia ese mundo externo lleno de cosas inciertas y desconocidas a las que poco a poco se va a adaptando. Comprendí como el humano se construye con la psicomotricidad.
A través de todas las experiencias maravillosas vistas en clase pude volver a ser niña, y mirar vivencias pasadas y comprender porque fui así y porque soy así a esta edad adulta, sin duda alguna fue una terapia personal también. Sin embargo el trabajo grupal también me hizo escuchar, observar, tener sensaciones de conexión profunda con el otro y reflexionar sobre las vivencias de mis compañeros, eso permitió acercarme al grupo, lo cual en mi es bastante difícil.
Temas como el objeto transicional, la madre buena y la génesis de los fantasmas de acción fueron para mí de reflexión y ver paso por paso el proceso del ser humano desde el inicio de la vida, desde ese primer encuentro con el mundo exterior, la relación con la madre, su angustia en la ausencia de esta y como reproduce acciones para calmar esa angustia a través de los fantasmas, lo que me pareció muy interesante y le dio respuesta a muchas cosas que observaba desde afuera en la cotidianidad.
Así de interesante y a la vez impactante considero a la serie de angustias arcaicas, que aparecen cuando no se establece una relación adecuada entre el objeto o la madre que al no modificarse continúan hasta la edad adulta, esta también representa una respuesta a muchas de mis preguntas.
La experiencia del lobo represento para mi otra mirada interna de mi misma. Note que mi lobo era diferente a los demás, en mi dibujo era agresivo, malo y peligroso y en mi cuento era solitario con miedo a relacionarse. Eso me dijo algo también y me ayudo a explorar dentro de mi misma lo que estaba pasando. Por eso me interese en mi sesión a introducir el tema del dibujo.
Por otro lado el tema de la expresividad motriz también me intereso mucho, saber que representa la manera en que cada niño manifiesta placer de descubrir y conocer el mundo que lo rodea, esto hizo que mi observación se abriera. Siempre observaba a los niños en los parques, mirando sus formas corporales, y sobre todo el placer que manifiestan a través de la movilidad de sus cuerpos.
Recuerdo muy bien cuando la profesora dijo que con mucha palabra o teoría generalmente el niño no reacciona igual a como lo hace a través del cuerpo, de la práctica, considero que es muy cierto y lo aplico mucho a mis alumnas.
Es importante mencionar la exposición sobre este tema de expresividad motriz, donde me tocó hablar sobre las condiciones para que emerja esto en el niño, se llego a la conclusión de que el psicomotricista debe dar esas condiciones, crear un ambiente de acogimiento, de protección y seguridad para la liberación de los fantasmas, para lograr esa transformación tónico-emocional, inclusive con niños con dificultades, esta es una de las tantas cosas que aplico después de haberlas visto en la materia. Trato siempre de crear ese ambiente con mis alumnas, brindarles esa protección y seguridad para que logren expresarse, liberar todas esas angustias que puedan traer y no con la palabra sino con un gesto de contención como un abrazo, lo considero esencial.
En resumen creo que lo más importante de toda la experiencia es tomar lo aprendido, ver los importantísimos aportes de la práctica psicomotriz, aplicarlos en la educación del niño, ver una evolución y saber la importancia y la función de terapia que tiene para todos el movimiento corporal que lo considero como sinónimo de libertad, yo como estudiante de danza sostendré esa posición siempre porque creo en ella fielmente.
El ser consciente de todos esos procesos del ser humano, para mi principalmente constituyo una innumerable serie de respuestas a muchas de mis preguntas sobre mi misma y los demás. Me ayudó a enfrentarme a situaciones inesperadas pero que son necesarias para el aprendizaje y formación como futuros psicomotricistas o docentes en danza.
Sesión de Psicomotricidad
En cada clase se nos impartieron numerosos conocimientos. Yo diría que fue una especie de entrenamiento para conocer al niño en su ambiente y observar sus reacciones frente a una práctica de psicomotricidad con función terapéutica. Era el reto final al cual nos teníamos que enfrentar y para el cual se nos instruyó en todos estos meses. Lo consideré como un desafío al estar consciente de que representaría más allá de una nota final, un aporte propio a un grupo de niños con necesidades y expectativas; no era tanto el tiempo dedicado a este ejercicio sino el impacto que esta experiencia constituye para unos niños con antecedentes sociales y culturales muy especiales. Por supuesto también representaba un crecimiento propio.
Particularmente me interesé en trabajar en una escuela pública por varias razones: la primera, porque sabía que de alguna forma esos niños necesitan de una práctica de este tipo, de la cual sospechaba nunca tenían y que medianamente dentro de la escuela los motivan a moverse, explotar y explorar su expresividad motriz. Al hacer mi observación del grupo me di cuenta que no me había equivocado, siempre estaban limitados a estar en una silla sentados escuchando a una maestra que siempre les repite: “no hables” o “NO TE MUEVAS”. La segunda razón de haber seleccionado a este grupo son los antecedentes que inciden en el comportamiento, en las reacciones de estos niños, sus profundas carencias en el plano afectivo, su escaso desarrollo cultural y las limitaciones de las cuales son objeto por relaciones familiares traumáticas. Estaba segura de que mi satisfacción sería muy grande al lograr hacer una sesión de psicomotricidad con ellos y hacer que se liberaran de todas esas cargar a través de mis juegos.
Un intento por lograrlo……
Finalmente luego de varios intentos fallidos, llego el día de mi sesión y confieso estar muy nerviosa pero poco a poco logre recuperarme. Lleve toda mi indumentaria de trabajo: los aros, las hojas y pinta dedos para dibujar, la música además de todos mis juegos. Me asegure de tener un espacio adecuado para que se diera exitosamente lo que quería lograr con los niños y que para ellos representara un lugar cómodo y seguro para moverse y expresarse. El salón que me facilitaron era el mejor. Mi deseo era llegar a lo más parecido a lo que es una verdadera sesión de psicomotricidad con su sala especial.
En clase aprendí como estaba estructurada una sala de psicomotricidad y me encargue de acomodar mi material de trabajo, de acuerdo a lo que había leído sobre eso. Al estar todo en orden ya los niños se van acercando a la sala, yo me encontraba tranquila y lista para lo que creía yo que venía. Fue entrando uno por uno los salude con la mano y les iba pidiendo que se quitaran los zapatos y los pusieran en un lugar que yo dispuse para eso y luego se sentaran en un circulo muy grande, hasta ahí todo iba marchando bien, mis expectativas eran muy buenas al ver el rostro de los niños ansiosos por empezar, eso particularmente lo recordaré siempre. Un niño en particular al entrar a la sala me dice que no se quitará los zapatos, cruza los brazos y baja la cabeza mientras lo dice con tranquilidad, lo abordé y le dije que no pasaba nada, que de esa forma era más fácil jugar y que hasta yo misma me los había quitado y le pedí que mirara las medias divertidas que llevaba puestas, en ese momento accedió se quito los zapatos y entro al círculo. Comienza el ritual de entrada y yo me incorporo también en el círculo junto a ellos, me presento y les digo que vamos a conocernos a hacer muchos juegos y les hago énfasis en las normas que debemos respetar como cuidar de sí mismos y del compañero también y que todo el material luego de usarlo vuelve a su lugar. Creí que había quedado claro pero al instante me di cuenta que no. El mismo niño mencionado anteriormente se levanta, rompe con el círculo y se dirige hacia el lugar que dispuse para los ula ula los saca y los empieza a la lanzar, en ese momento me puse muy tensa, sabía que debía resolver y me agobiaba pensando en todo lo visto en clase para poder aplicarlo fui hacia él y le dije que no era la hora de usarlos, que debía respetar las normas y que volviera al círculo, así que lo tome de la mano lo lleve al círculo, lo senté a mi lado, pero no podía estar quieto movía sus piernas, los brazos, mostraba mucha ansiedad y repetía cada palabra que yo decía en tono de burla. Luego se levanta nuevamente y empieza a darle golpes a la cámara que grababa la sesión, a este punto ya estaba bastante atormentada, sentía que estaba fracasando en mi misión por así decirle, mi cabeza no paraba de pensar que estaba haciendo todo mal, pero sin embargo respiraba y trataba de hacer lo correcto frente a la situación e hice lo mismo lo tome de la mano lo senté a mi lado y por un momento pensé en sacarlo pero en mi mente siempre estaba del hecho de que no podía abandonarlo eso fue la principal causa por la cual seguí con él.
Continuando con el ritual de entrada llegó el momento de conocer los nombres de los diez niños, yo creé una dinámica para esto que consistía en lanzar suavemente una pelotita de goma hacia cualquier niño y al que le cayera tenía que decir su nombre, cómo se sentía y que le gustaba hacer. Todos respondieron muy bien a la dinámica y me decían cosas inesperadas para mí, cabe destacar que fue inesperado en un buen sentido.
En la parte final de la dinámica el niño particular que he nombrado se levanta nuevamente y se aleja de mí y comienza a burlarse de lo que dicen sus compañeros y a sabotear el ritual gritando, cuando sorpresivamente le cae la pelotita a él y le pido que me dé su nombre y me dice Rubén, noto que los niños lo miran de manera extraña y me dicen que ese no es su nombre , lo cual me pareció algo muy raro, el enfureció cuando los niños le dicen eso, me acerco a él nuevamente muy agobiada por todo , porque ya sabía que estaba frente a un caso especial y que no tenía la solución en mis manos. Finalmente intente brindarle mi escucha y preguntarle porque me dijo ese nombre, aunque también le recalque que había dado unas reglas en mi sesión que él tenía que cumplir, me hizo un gesto de aceptación a lo que le dije y me dijo “me llamo Luis Ramón y me gusta jugar” sentí que fue un logro después de todo. Supe que podía continuar y le pedí que suavemente pasara la pelota al único compañero que faltaba, veo como tomó impulso para lanzarla fuertemente y lo detuve le dije que suavemente porque había que cuidar al compañero y me responde: “¿Quieres ver como no la lanzo suave?”, toma más impulso y la lanza hacia mí. Ese fue mi momento límite me levante llame a la maestra le dije que la sesión se suspendía, salí de la salita y entre en una crisis bastante fuerte, comencé a llorar sin parar no quise ver a los niños como se iban porque recordaba sus caras al principio de la sesión, eso me marco y no podía ver cómo eran sus caras al salir sin haber hecho esos juegos que tanto ansiaban. Me escondí en un rincón de la escuela y ahí me quede esperando calmarme y con la mente sin parar. Pensé muchas cosas, que era un fracaso, que ese niño pudo más conmigo, que todo lo que aprendí lo deseche al abandonarlos, que yo jamás podría ayudar a unos niños si ni yo misma estoy bien y muchas tantas cosas que en este momento es bastante difícil redactar.
Finalmente lo que me queda es la experiencia, antes de la charla que tuve con la profesora de la materia me sentía devastada, pero esa conversación me hizo ver todo desde otra perspectiva. Reconocí esa experiencia como parte de mi aprendizaje para prácticas futuras, saber que siempre habrá ese factor inesperado pero al mismo tiempo entender cómo actuar ante una situación así, me di cuenta que mi toma decisión fue precipitada y creo saber ahora que hacer frente a un escenario de ese tipo.
Pude reflexionar también al entender que ese niño no estaba actuando en mi contra sino que era su mecanismo de defensa ante una situación que el trae y que yo desconozco. Puede ser un niño rechazado, abusado o también la misma situación económica que tienen en común todos los niños de esa escuela.
En este momento puedo decir que si representó un aprendizaje enorme para mí, para conocerme a mi misma y a los demás. Como mencione anteriormente antes de conversar con la profesora todo estaba mal pero a medida que escuché tantas palabras de comprensión y de estímulo supe que no estaba mal y de alguna manera tenía que suceder. Lo que más me hizo recapacitar fue el hecho de saber que aunque no terminé la sesión me salí de lo usual y lo común mediante una circunstancia fuerte que tal vez le dio más sentido a mi crecimiento y aprendizaje en esta área. Saber eso me fortaleció en gran manera.
Para finalizar debo decir que para mí ha sido una de las vivencias o experiencias más fructíferas que he tenido y en la que más he aprendido y he sido consciente de cosas de gran relevancia dentro de la vida del ser humano, me ha ayudado a comprenderlo y a brindar mi escucha.
Realmente mi deseo es no irme sin volverlo a intentar y saber que si puedo, que nada fue en vano y facilitar de nuevo esa experiencia que sirve como terapia a ese grupo de niños observar sus emociones, deseos, capacidades, angustias, poder canalizarlas a través del juego, analizar y presenciar ese proceso para mí significaría mucho.
Para mí lo esencial es mostrar esa sensibilidad y deseo de estar junto a ese grupo de niños y brindarles esa terapia divertida como la llamo yo, y terminar lo que empecé.
En la siguiente página están algunas fotos del día de la observación previa del grupo de niños en la escuela mientras están en el receso.
Con la maestra listos para salir.
Ella pertenece también al grupo de niños y la elegí porque me llamo la atención su actitud pasiva durante todo el receso. Nunca se movió de esas escaleras. Me pareció que debía tenerla en mi sesión y analizar su hipotonicidad.
El niño que está en el medio es Luis Ramon. Demostró siempre una gran agresividad. La violencia oral incontrolada y prolongada expresa, a través de la motricidad, una pulsión de amor destructiva y devoradora, de la que el niño no se ha podido proteger suficientemente a causa de la fragilidad del proceso de simbolización o por exceso de culpa. (Bernard Aucouturier, 2007).